La Organización de los Estados Americanos (OEA) atraviesa uno de los momentos más delicados de su historia reciente.
A la incertidumbre financiera, las tensiones internas de gobernanza y la pérdida de influencia política se suma ahora una reestructuración impulsada por la administración del presidente Donald Trump que ha provocado la salida de varios diplomáticos estadounidenses de alto nivel y reabierto el debate sobre la utilidad misma del organismo.
La crisis quedó al descubierto durante la 56 Asamblea General de la OEA, celebrada en Panamá, donde diplomáticos y observadores comentaban la revelación de que buena parte de la cúpula de la misión estadounidense ante la organización había renunciado o sido apartada de sus cargos tras desacuerdos con el embajador estadounidense ante la OEA, Leandro Rizzuto Jr., empresario y aliado cercano de Trump.
Entre los funcionarios que abandonaron la misión figuran el subjefe de misión, el jefe de gabinete y altos asesores políticos.
Según diversas fuentes diplomáticas, el conflicto va más allá de diferencias personales. Rizzuto pretende reorientar las prioridades de la OEA hacia asuntos económicos y comerciales, relegando el énfasis tradicional del organismo en democracia, derechos humanos y observación electoral. El cambio coincide con la visión más escéptica de Trump hacia las instituciones multilaterales.
Estados Unidos aporta alrededor del 30 % del presupuesto ordinario de la organización, equivalente a unos 28 millones de dólares anuales. Ese peso financiero otorga a Washington una influencia determinante, aunque formalmente mantiene un solo voto, igual que cualquiera de los otros 33 Estados miembros.
Las dudas aumentaron después de que trascendiera que la propuesta presupuestaria estadounidense para 2027 contempla una reducción drástica del apoyo a organismos multilaterales y, según algunos análisis en Washington, incluso podría eliminar completamente los fondos destinados a la OEA.
Fuente: Diario Libre