Aunque el empresario cubanoamericano Omar Sixto (La Habana, 1969) dejó la isla hace 30 años y se instaló primero en Madrid, para proseguir sus estudios en Historia, y después en Estados Unidos, mantiene un vínculo emocional e intelectual con Cuba. Hace unos meses publicó el ensayo Se acabó la diversión. La economía cubana: el salto del capitalismo al socialismo (1959-1965), un retrato pormenorizado de cómo se tomaron decisiones de gran calado –expropiaciones, nacionalización, abandono de instituciones financieras internacionales– y con mucha rapidez, y que llevó a Cuba a integrarse en el sistema de producción soviético hasta la caída de la URSS.
Para Sixto, en ese periodo se gestó “el fracaso” que se vive hoy. Como tantos exiliados en Florida, en Estados Unidos, ve con una mezcla de pena e indignación lo que sucede en la otra orilla, con un país al borde del colapso en el que, desde enero, solo ha entrado un barco ruso con combustible debido al cerco petrolero impuesto por el presidente estadounidense, Donald Trump. El germen de este libro está en sus años de estudiante de Historia en La Habana, en plena perestroika, donde investigar sobre la economía “estaba casi prohibido”.
Aunque es su empresa de ropa militar y material táctico la que “pone el pan en la mesa”, Sixto ve en este libro su “granito de arena para que por fin, algún día, los cubanos de la isla regresen a la civilización”, cuenta durante esta entrevista por videollamada desde Miami. También está conectado con la recién creada Cámara de Comercio Cubanoamericana, que trata de buscar capital para ayudar a los cubanos dentro de la isla, como asesor externo. “No será definitiva, eso será en Cuba”, afirma él, que no está vinculado a ningún partido. “Si uno se va a involucrar en un grupo con respecto a Cuba, tiene que ser en Cuba, no desde aquí”, dice. En su opinión, es necesaria una “toma humanitaria” de Cuba para llevar infraestructuras básicas y se muestra decepcionado con la “inacción” de Trump, ya que teme que acabe pactando con el régimen.
Pregunta. ¿Por qué se centra en esos seis primeros años de la Revolución?
Respuesta. Era una economía dependiente de Estados Unidos como lo eran casi todas las del mundo, como lo es hoy la de México. Es una vulnerabilidad que tienen, pero no es algo intrínsecamente malo. A partir del 1 de enero de 1959, Fidel Castro no cambió las reglas del juego, cambió completamente el juego. Y eso se gesta en esos años. Lo dejo en 1965 porque empieza el ocaso del importante papel que tuvo Ernesto Guevara en la destrucción de la economía. En 1959, lo primero que Fidel Castro y su grupo buscaban era consolidarse en el poder. Para eso tenían que quitarle el poder económico a la clase que se les enfrentaría, y eso hicieron. Primero les quitaron las propiedades a los ricos, luego le quitaron el dinero a todo el mundo. En 1960 hacen las primeras confiscaciones masivas al capital estadounidense, a los bancos, y luego empiezan con los cubanos. Cambió todo, de un país feliz, bailador, que tocaba música, en dos años estaba uniformado y marchando, y en tres años estaba con armas nucleares llevando al mundo al borde de la guerra nuclear. Fue un cambio radical en muy pocos años.
P. ¿Un país feliz? En el libro se constatan las desigualdades enormes que había y el apoyo masivo que tuvo la Revolución.
R. Cuando mueves a una sociedad a un estado de ánimo, se hace una ola: todo el mundo quería un cambio en Cuba. La economía estaba mucho mejor que la de España, los españoles seguían emigrando a Cuba. Tenía problemas y había sufrimiento, como en todos los países. Digo que era un país feliz porque funcionaba. Digo feliz si lo comparo con la situación que después vivieron los cubanos, porque aunque estuviera la dictadura de [Fulgencio] Batista, era bastante blanda, no tenía una política estructurada de represión pareja [a la del castrismo]. Las únicas bombas que explotaban en los cines, en los teatros y restaurantes las ponía la gente de Fidel Castro.
P. ¿Qué muestra ese lapso para analizar el presente de Cuba?
R. Muestra cómo desarmaron una economía que funcionaba e intentaron armar una que desde el principio vieron que no funcionó. ¿Y cuál fue la solución de ellos? Seguir intentándolo, moviendo un tornillo aquí y otro allá. En 1963 ya había una crisis económica estructural. Se mantuvieron gracias a los subsidios soviéticos, y ahí estuvieron hasta 1989, como parásitos de la Unión Soviética. Cuando se acabó la URSS, quedaron a la deriva y metieron el turismo con los españoles, sobre todo. Sobrevivieron unos años hasta 1999, cuando les cayó del cielo Hugo Chávez y luego [Nicolás] Maduro hasta el 3 de enero. Ese periodo tan corto es la piedra angular del fracaso actual.
P. En su libro da la sensación de que el paso al socialismo no se debió tanto a un diseño que atendiera a cuestiones económicas técnicas, sino que fue un salto abrupto que respondía a motivaciones ideológicas.
R. Empezaron cuando tuvieron el primer abrazo de [Anastás] Mikoyan en La Habana y después el de Nikita Kruchev en Nueva York. Ahí dijeron ‘estamos respaldados, vámonos pa alante’. Por el lado de Guevara, era una motivación ideológica, estaba tan ideologizado que lo terminaron quitando porque molestaba, era muy prochino, muy de extremos. La historia oficial cubana, la que me enseñaron en la Universidad y en el colegio, es que [el socialismo] era un plan necesario porque era la forma de llegar al desarrollo y todo estuvo planificado. No fue así. Trajeron gente capaz al principio para hacer planes de desarrollo y ninguno funcionó.
P. ¿Por qué?
R. No hay una explicación lógica para que un país se lance por sí mismo al abismo al ritmo de una guaracha. Hubo gente muy buena, por ejemplo el economista [Rufo] López-Fresquet, por eso lo quitaron y pusieron a Ernesto Guevara. Al principio todavía había inercias de una Cuba anterior y quedó gente de talento en cargos más bajos. Se tuvieron que ir los técnicos, los ingenieros… porque los expulsaron.
P. Las autoridades cubanas acaban de anunciar el mayor paquete de reformas económicas en décadas. ¿Cree que son medidas viables?
R. Son medidas para ganar tiempo. Para ellos cada día es una victoria. No van a funcionar. Algunos, me imagino, se están preparando para el caos del colapso, y es la operación que están haciendo ahora de las 176 medidas [para abrirse a la economía de mercado]. Sucedió en la Unión Soviética y en Europa del Este, donde una parte de la élite se queda con una empresa arruinada. En Cuba, ponle una estatal ganadera. Ahora está destruida, tiene dos vacas viejas ahí. ¿Pero cuánta tierra tiene? En el momento de un cambio y de una economía de mercado, esa tierra va a valer muchísimo dinero.
P. ¿Qué opciones ve?
R. La mejor solución sería todo el pueblo cubano, sin violencia, en la calle frente a ellos. Ese pacto social desapareció por completo, entonces no hay regreso atrás. A no ser que, como [el régimen] tiene tanta capacidad para negociar y al inquilino de la Casa Blanca le encanta negociar, haya un pacto sucio que no es ni una transición ni nada, sino un pacto de complicidad como el de Venezuela. Eso podría ser. Nos dolería muchísimo.
P. ¿Está de acuerdo con la estrategia de Marco Rubio en Cuba?
R. En el Gobierno de Estados Unidos hay dos vertientes. La de Rubio, que es más preparada, más diplomática y más conocedora de la realidad, y con el caso de Cuba era la que llevaba la mano. La otra vertiente es la de JD Vance, más apegada al proyecto MAGA, al votante duro, al obrero resentido porque una fábrica china o mexicana le quitó el trabajo. El problema de Trump es que tiene dos oídos, un día escucha por este y otro día por este. Cuba no tiene petróleo y para él no es un problema fundamental mientras no tenga las costas llenas de balseros. Hoy está ganando la facción que dice: ‘deja ese problema que no es nuestro. Si nos molestan, vamos y acabamos con ellos. Pero si no, no pierdas tiempo ni dinero en esto’.
P. ¿Hay un plan?
R. Yo no creo que Estados Unidos tenga uno, y si lo tenía, la atención del Pentágono y el dinero para hacer algo en Cuba están en Venezuela. Cuando la humillación pesa más que el miedo, ahí es cuando sale la gente a la calle. Lo que no entiendo es la indecisión de aquí, no se la perdono tampoco, porque cada día que pasa son meses más de reconstrucción y cientos de vidas y gente muriendo. Cada día que pasa se complica más.
P. ¿Cree que no va a pasar nada?
R. La situación de Cuba es irreversible, el problema es lo que ha durado, desde el 3 de enero y mucho antes. A finales de enero, cuando Trump hizo la orden ejecutiva declarando a Cuba un peligro inusual para la seguridad nacional de Estados Unidos, la posibilidad primera que todos pensábamos era una extracción de este personaje [Miguel Díaz-Canel]. Eso hubiera sido un golpe de efecto que hubiera movido la base de toda esa dictadura. No pasó. Trump luego se fijó en Irán y los iraníes se burlaron de él y ahí están todavía dándole vueltas. Lo más efectivo para mí, pero eso es un sueño, no es una invasión, es una toma humanitaria de Cuba, que el Gobierno de aquí nos dejara llenar barcos de ayuda humanitaria real. Estamos hablando no solo de tanques de agua, sino de hospitales de campaña, generadores eléctricos, gasolina para los equipos que haga falta mover. Un petrolero aquí lo alquilas en nada y entre todos lo llenamos y lo regalamos. El dinero no es problema.
P. Acaba de crearse en el exilio la Cámara de Comercio Cubanoamericana. ¿Cuál es el objetivo? ¿Qué vínculo tiene con ella?
R. La Cámara de Comercio se dedica sobre todo a buscar capital. Es una muy buena idea porque es gente que tiene muchísimos millones de dólares, son mayores que perdieron su país siendo jóvenes y están preparando un plan humanitario, no de inversión. Primero hay que llegar y levantar a la gente. Voy a reunirme con ellos a fin de mes. Mi papel personal no va a ser muy grande, pero la asesoría para emplear un proyecto en rescatar a los cubanos sí va a ser buena, para eso estoy disponible.
P. ¿Cuánto calculan?
R. No sabemos. No sabemos cómo va a terminar el asunto. El dinero nunca sale hasta que hace falta.
P. Hay estimaciones de que solo subsanar la red eléctrica son 10.000 millones de dólares.
R. Para una empresa que funcione, que esté en el sector, no es tanto. Son concesiones a 30 o 40 años. Fíjate en Japón y en toda Europa con el Plan Marshall. En 20 años, ¿cómo estaban? Cuba terminó la guerra [de independencia, en 1898] destrozada. En 1920 ya estaba la danza de los millones y Cuba era el principal exportador de azúcar del mundo. En 1940 tuvo la Constitución más avanzada y progresista. Cuba es un país pequeño, no es imposible reconstruir. El tejido social va a ser otra cosa mucho más difícil. Yo digo que el árbol de la nación cubana se torció porque fueron muchos años, 67 años. La invasión humanitaria, esa sería la solución más eficaz.
P. Hay recelo sobre las intenciones del exilio.
R. Hay una tendencia nueva, que viene desde La Habana, que dice que los de aquí queremos ir a recuperar las casas allá y sacar a la gente de la calle. Yo tengo un piso que me expropiaron, pero probablemente lo adquirí de alguien a quien se lo habían quitado en 1959. No quiero nada. Eso sí, si alguien mató o torturó, eso sí, justicia y castigo. Pero el que robó un poco, que devuelva lo que es material tangible. Sí entiendo que alguien que tenía 100.000 hectáreas de tierra, la pueda ir a recuperar, pero yo, como Estado cubano nuevo, no se la regalaría de vuelta. Hay que pagar un impuesto, porque necesitarán el dinero para levantar todo lo demás, hay que pagar algo porque hay que refundar ese lugar y no vas a llegar a coger lo tuyo solo, esto se lo he dicho a los de la Cámara de Comercio también.
P. ¿Y la democracia dónde queda?
R. Eso es fundamental. Democracia y libertad constituyen los dos primeros pasos para poner un sistema jurídico que mantenga el respeto a la ley, el respeto a la propiedad privada, el respeto a los derechos humanos, la libertad de empresas y un Estado responsable financieramente que cobre impuestos, los emplee bien y no los dilapide. Es dificilísimo, pero sin democracia no hay nada. Por lo menos desde aquí no va un peso si no hay democracia. No hay dictador bueno, ni [Nayib] Bukele ni [Miguel] Díaz-Canel.
Fuente: El País (España)