Estadounidense se muda a China con su familia y allí gasta 1.000 euros al mes: «Es mi versión del sueño americano»

Cambiar de vida no siempre es fácil. Y más, cuando se cambia de país e incluso de continente. Pero Bradley Krae estaba acostumbrado a ello. Pese a vivir durante su niñez en California, Arizona, Colorado, Carolina del Norte, Virginia, Montana y Oklahoma, a ninguno de esos lugares los llegó a considerar como su hogar. Una palabra que encontró a miles de kilómetros en Shenzhen (China).

Allí conoció a la que ahora es su mujer, con la que ahora tiene dos hijos. Su primer viaje a la ciudad, como él mismo cuenta en CNBC, tuvo lugar en 2016. Por entonces tenía 27 años y encontró trabajo como profesor de inglés. Un empleo que, asegura, surgió por casualidad. Pero que le cambió la vida. Su actual esposa, nacida en Tahití, trabajaba como profesora de francés.

La pandemia y sus restricciones les pillaron en pleno viaje de vacaciones en Estados Unidos y, una vez que pudieron, se instalaron en Tahití para estar más cerca de su familia. Pero no era lo mismo que Shenzhen y decidieron regresar el año pasado. “Nos faltaba algo”, explica. Algo que ya han vuelto a disfrutar. “Nadie está más sorprendido que yo de haber encontrado mi propia versión del sueño americano aquí en China”.

Uno de los aspectos que más destaca en este nuevo cambio es el económico. Durante un tiempo, siguió con su carrera como profesor de inglés (antes de ser gerente de marketing), con unos ingresos mensuales de 4.000 dólares (3.400 euros al cambio actual). Con ellos, tenía para cubrir los gastos de alquiler de un apartamento de tres habitaciones (1.000 dólares, 850 euros), internet (29 dólares; 24 euros) y electricidad (100 dólares; 85 euros).

A ello se suman unos 100 dólares al mes en alimentos para toda la familia, además de las comidas fuera de casa (normalmente, menos de diez dólares). Unos gastos que, en su conjunto, suponen menos que lo que tenía en su Estados Unidos natal. “Estoy pagando aproximadamente una cuarta parte de lo que solía pagar por mis gastos mensuales cuando vivía en Estados Unidos, y eso que vivía solo”.

Una ciudad del futuro y un entorno seguro
El cambio no ha sido a mejor solo en lo económico, sino en su forma de vida. Una ciudad que disfruta, y que siente que fuera el ‘hijo’ que habrían tenido Nueva York y Silicon Valley. “Es una bulliciosa capital tecnológica con sorpresas en cada esquina. Los drones voladores entregan comida en 15 minutos o menos, y los taxis autónomos circulan por calles iluminadas con luces de neón brillantes”.

La ciudad, además, cuenta con un transporte público “excelente”, con un metro que llega a todas partes y con el que puedes cruzar de una punta a otra con apenas unos centavos. Y, a la hora de pagar algo, nada de usar la cartera: el móvil, un código QR o incluso las huellas dactilares.

De Shenzhen asegura que se trata de una ciudad ideal para familias, con más de mil parques y espacios de juegos cubiertos y multitud de actividades. Y una ciudad segura. Hasta el punto de que su gran preocupación en materia de seguridad son “los patinetes eléctricos que circulan a toda velocidad por las aceras”.

Fuente: Raúl Izquierdo

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