El accidente en LaGuardia reabre debate sobre seguridad nocturna en aeropuertos de Estados Unidos

Un ritmo inusual de operaciones aéreas bajo una intensa tormenta, una dotación mínima de controladores aéreos y una tragedia con consecuencias fatales reabrieron el debate sobre la seguridad nocturna en los aeropuertos de Estados Unidos.

El accidente ocurrido en el Aeropuerto LaGuardia de Nueva York el último domingo expuso las limitaciones en la dotación de personal durante los turnos nocturnos: esa noche, a las 23:37, solo había dos controladores en la torre de LaGuardia.

Los dos pilotos del vuelo de Air Canada 8646 murieron tras el impacto del avión contra un camión de bomberos autorizado a cruzar la pista en ese momento, según reconstruyó la presidenta de la National Transportation Safety Board (NTSB), Jennifer Homendy, para The New York Times. Homendy alertó: “Nuestro equipo de control aéreo ha señalado que esto es un problema, que representa una preocupación para ellos desde hace años”.

La administración de LaGuardia entre la medianoche y las 6:00 se realiza bajo un régimen de restricción de ruido, lo que disuade a las aerolíneas de programar vuelos.

Sin embargo, un análisis de datos de FlightRadar24, la plataforma de monitoreo de vuelos, citado por The New York Times, muestra que la noche del accidente la torre gestionó despegues y aterrizajes cada 69,6 segundos después de las 23:00, ritmo similar al de los turnos diurnos, cuando hay hasta ocho controladores en servicio.

La acumulación de operaciones, lejos de la calma esperada, fue producto de las tormentas y retrasos generalizados, lo que dejó expuesta la vulnerabilidad del sistema ante picos de demanda imprevistos.

El estándar mínimo de dos controladores, bajo escrutinio tras el accidente
La pauta de mantener al menos dos controladores en las torres durante el turno nocturno se fijó hace 15 años, a raíz de episodios en los que operadores solitarios se quedaron dormidos.

En aeropuertos de tamaño medio como LaGuardia, la dotación nocturna suele cubrir la franja entre las 22:30 y las 6:30 para evitar que la torre quede sin personal ante una emergencia o una pausa por enfermedad o necesidades fisiológicas. En contraste, durante el día el número asciende habitualmente a ocho o más, como detallaron exfuncionarios de la Administración Federal de Aviación a The New York Times.

Las dudas sobre ese mínimo se multiplicaron en 2024 tras una colisión mortal cerca del Aeropuerto Nacional Ronald Reagan en Washington, lo que llevó al secretario de Transporte, Sean Duffy, a acelerar la contratación de controladores. Según Duffy, actualmente en LaGuardia están cubiertas 33 de las 37 plazas disponibles para controladores, cifras que la FAA ratificó esta semana, aunque el organismo todavía no divulgó datos nacionales recientes sobre las vacantes.

Una carga de trabajo superior a lo previsto y posibles fallas operativas
El controlador a cargo de LaGuardia la noche del siniestro llevaba solo una hora en funciones cuando autorizó el cruce de la unidad de bomberos justo cuando descendía el Air Canada 8646, según los registros de audio revisados por la NTSB. Los registros precisan que, 11 segundos después, intentó frenar al vehículo, pero 9 segundos más tarde ocurrió el choque. En ese momento, el operador enfrentaba un volumen de trabajo poco habitual para ese horario.

Michael McCormick, exdirector de la oficina de tráfico aéreo de la FAA y actual profesor en Embry-Riddle Aeronautical University, universidad líder en aviación, explicó a The New York Times que la evaluación nocturna de tráfico depende del supervisor del turno vespertino, encargado de decidir si refuerza la dotación ante demoras masivas, y advirtió: “Existe una reticencia natural a quedarse haciendo horas extra, pero eso no exime al supervisor de su responsabilidad”.

Por su parte, David Riley, antiguo controlador de la torre del aeropuerto internacional de Denver, consideró: “Parten de una premisa falsa al suponer que dos es el número adecuado para el turno de medianoche. Debería ser un mínimo de tres”.

Esa noche, grabaciones difundidas por LiveATC.net, el sitio especializado, revelan que uno de los controladores atendió durante varios minutos a los pilotos de un vuelo de United Airlines por un olor inusual a bordo, mientras gestionaba el resto del tráfico terrestre. Esto sugiere que las funciones de ambos operadores podían estar solapadas.

Consecuencias inmediatas: fatiga y falta de relevos tras la tragedia
Uno de los aspectos destacados por exinvestigadores como Harvey Scolnick —quien fuera controlador en el aeropuerto JFK— fue la situación del controlador implicado en el incidente: se le requirió continuar gestionando el flujo aeroportuario durante varios minutos tras el accidente, ante la ausencia de personal disponible para relevarlo.

Scolnick precisó a The New York Times que en otros casos, estos operadores habrían sido retirados de inmediato después de un evento de tal magnitud.

La rotación permanente de turnos, una práctica frecuente en el sector, aumenta el riesgo de fatiga, especialmente en los horarios nocturnos, pese a los requerimientos que exigen un mínimo de 12 horas de descanso antes de esos turnos. La NTSB aún no precisó los horarios previos de los controladores involucrados en el episodio del domingo pasado en LaGuardia.

La Asociación Nacional de Controladores de Tráfico Aéreo, principal sindicato del sector, evitó declaraciones por estar bajo investigación oficial de la NTSB. Según la FAA, el organismo continúa apoyando la investigación y tomará “cualquier medida de seguridad necesaria según las evidencias”.

El caso LaGuardia llevó al centro de la discusión la cuestión de si el estándar de dos controladores nocturnos responde hoy a un umbral seguro, dada la multiplicidad de factores —clima, demoras, fatiga— que pueden transformar una noche de baja actividad en una jornada crítica.

La investigación de la NTSB deberá determinar el alcance de la cadena de responsabilidades y si el modelo vigente de dotaciones necesita ser revisado a nivel nacional.

Fuente: Infobae

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