¿Por qué hoy los cristianos recuerdan el Domingo de Ramos? Según cuentan los cuatro Evangelios, Jesús ingresó a Jerusalén seis días antes de la Pascua judía y, en esa ocasión, mucha gente cortó ramas de palmeras (según Juan; Marcos y Mateo solo dicen que eran ramas y Lucas no habla de ramas sino de las capas de las personas) y las arrojó en el camino del Cristo montado en un humilde burrito mientras lo adoraban.
El acto está cargado de simbolismo: el Mesías iniciaba sus últimos días humanos, camino a la cruz y la resurección eterna. Hoy es aún más fuerte su significado: Jerusalén es la capital de Israel, que se encuentra en un conflicto militar abierto con Irán.
El poblado que le dio la bienvenida a Jesús, dos mil años después tiembla por los cercanos ataques con misiles. Incluso hubo fragmentos que cayeron en la Ciudad Vieja de Jerusalén, cerca de sitios religiosos importantes.
El contraste es claro: Cristo ingresando para dar su vida por la salvación de un mundo que crea en él sin importar distingos de ningún tipo; por el otro lado, guerra religiosa y militar que, en nombre del egoísimo, les quita la vida (Jesús la dio voluntariamente) a miles de inocentes.
La gran diferencia tiene cuatro letras: A M O R. Allí está la clave entre un hombre que, por ser Dios, pudo castigar y destrozar al mundo, pero eligió perdonarlo, e innombrables señores que desde el cómodo refugio de sus casas, jamás subidos al burro de la humildad, jamás adorado con capas y reamas, arruinan la humanidad en nombre de la política, la economía y la fe.
Fuente: Néstor Saavedra