Sebastian Enrique Marset Cabrera no permaneció por mucho tiempo en tierra boliviana luego de ser esposado por la Policía de ese país. En pocas horas, el capo narco uruguayo que dominó la Hidrovía, generó nuevas rutas y mantuvo una influencia latente en Argentina, fue entregado a la DEA y enviado a Estados Unidos, uno de los cinco países que solicitaba su captura. Ya en Virginia, recibió los cargos en su contra: conspiración para cometer lavado de dinero.
En el documento, al que accedió Infobae, se destacan los nombres falsos que utilizó el narcotraficante afiliado al temible PCC brasileño con sello propio (Primer Comando Uruguayo -PCU). “Luis Paulo Amorim Santos” y “Gabriel De Souza Beumer”, son identidades que le permitieron permanecer en la clandestinidad, viajar a Dubai y jugar al fútbol de manera profesional. También mencionan su alias: “Dor”.
Para la fiscal Jessica Aber, Marset era responsable del traslado de cantidades de varias toneladas de cocaína, valoradas en millones de dólares, desde Sudamérica hacia Europa, una operatividad propia de los grandes narcos.
Marset es acusado junto al también uruguayo Federico Ezequiel “Capitán” Santoro Vasallo, un lavador de dinero transnacional con base en Paraguay que ofrecía sus servicios al narco de la Hidrovía y que fue capturado antes que él. Fuentes allegadas al caso indicaron a este medio que Santoro acordó dar información sobre la organización y su jefe a las autoridades. “Cantó”, resumieron. A cambio le redujeron la condena a 15 años.
Esa información permitió a los investigadores conocer con mayor profundidad la red criminal, pero no sabían, aún, dónde se ocultaba Marset, por quien se ofrecían 2 millones de dólares de recompensa.
Santoro movía el dinero producto del narcotráfico desde varios países de Europa hacia Sudamérica y otros lugares en el extranjero. “Mientras Marset y Santoro trabajaban estrechamente, Santoro también proporcionaba servicios de lavado de dinero para otros, y Marset utilizaba otros lavadores de dinero además de Santoro”, puntualiza la acusación.
Ambos utilizaban mensajeros y señales para entregar de manera encubierta grandes cantidades de moneda ilícita, normalmente en euros, a sus co-conspiradores, incluso en maletas al costado de caminos públicos en Europa. Sus cómplices se especializaban en introducir la moneda ilícita en el sistema bancario global, señala el procesamiento.
Lo que seguía era un movimiento internacional a través de transferencias electrónicas. Al menos una de ellas pasó por el servidor de un banco estadounidense ubicado en Richmond, Virginia. Otras se detectaron en Bélgica, Chile, China, Países Bajos, Paraguay, Portugal y Nueva York.
Para ocultar la ubicación y propiedad de los activos lavados, utilizaron empresas registradas en Sudamérica y Asia y facturas falsas para justificar las transferencias.
En menos de cinco meses, de acuerdo a la investigación, Santoro dirigió el movimiento de al menos 8 millones de dólares derivados del tráfico de drogas a través de bancos estadounidenses.
Claro que, durante el proceso, Marset amenazaba “con usar la violencia contra otros para proteger sus actividades de narcotráfico y lavado de dinero”.
Para tener noción de las cantidades que manejaban, el escrito puntualiza que en enero de 2021, a Marset debían pagarle más de 17 millones de euros provenientes de una sola remesa de cocaína.
“En total, la organización distribuyó muchos miles de kilogramos de cocaína que generaron decenas de millones de euros en ganancias de drogas en efectivo”, destaca la fiscal norteamericana.
Las fuentes estimaron que esa acusación podría ampliarse al delito de contrabando. Este viernes, Marset, que está buscando abogado, tendrá una segunda audiencia para definir su situación.
Esperan que colabore y, de esta manera, que pueda reducir su pena. Mientras tanto, permanece encerrado en una cárcel de máxima seguridad del condado.
Traición y preservativos
Ahora bien. El episodio de Santoro es solo una parte de los hechos que provocaron la caída del jefe narco. Fuentes ligadas a la investigación indican que Marset sufrió la traición de personas pertenecientes a su círculo íntimo, para quienes la recompensa fue demasiado atractiva.
Aunque algunos miembros de su banda no escatimaban en gastos y los ostentaban, el jefe estaba tranquilo en la casa de Santa Cruz de la Sierra (Bolivia), donde se ocultaba. Su custodia, unos tres hombres armados, dormían en otra propiedad lindera. Fueron los primeros en ser reducidos por los policías.
El narco nada sospechaba. Su inquietud estaba asociada, en cambio, a un episodio protagonizado poco antes por su exesposa, Gianina García Troche, encerrada en un penal de Paraguay. En una requisa, le secuestraron perfumes, cartera y preservativos.
El hallazgo de este último elemento, advertido en crónicas de medios paraguayos, habría calado hondo en la sensibilidad del narco, que buscó conocer si su ex tenía una relación romántica con algún hombre -dicen que ella también investigaba si él estaba con otra mujer-.
En ese momento, Marset comenzó a cometer una serie de errores y descuidos que, combinados con los otros dos factores, permitieron su captura mientras dormía.
Una versión indica que la requisa en la celda de García Troche no fue casual y que, con picardía, los profilácticos fueron plantados para hacer salir al capo de su escondite.
Las huellas de Marset en Argentina
Aunque la Justicia argentina no lo requería debido a que nunca se encontraron evidencias en su contra, la sombra de Marset podía percibirse en varios eventos a lo largo de los años. Incluso, se cree que utilizó este país como tránsito de los cargamentos enviados a Europa.
Dejó su primera huella registrada en 2020 cuando un baquiano encontró en la isla El Chaparro, frente a Victoria, Entre Ríos, 29 panes de cocaína con la marca “PCU”. En ese momento, nadie tomó noción de la importancia del hallazgo.
Ese mismo año, en el Aeropuerto de Ezeiza, perros entrenados de Aduana detectaron cocaína en pallets de soporte de una máquina que viajaba en un vuelo de cargamento de la empresa holandesa KLM.
La inspección de rutina al vuelo que había llegado desde San Pablo, Brasil, se realizó en el proceso de carga y descarga de sus contenidos: el destino final del avión era Ámsterdam. En los ladrillos se puede leer el logo de Marset, a quien también se señala como autor intelectual del homicidio del fiscal paraguayo Marcelo Pecci, asesinado el 10 de mayo de 2022 por sicarios en una playa de Barú, Colombia, durante su luna de miel. El caso provocó gran conmoción en los fiscales de la región dedicados a combatir el crimen organizado.
Por último, muchos ven su figura detrás del sicario uruguayo Rodolfo Nicolás Caraballo Escobar, procesado por los homicidios de Fabián Sturm Jardón, en diciembre de 2024 en Recoleta, y el de Marcelo Nicolás González Algerini, ocurrido el 12 de octubre de 2024 en la localidad de La Lonja, partido de Pilar.
Fuente: Infobae