A Pipo le encanta jugar, saltar, correr. Es casi un niño travieso pero con forma de perro. Quizá por tener sed o por distraído se cayó a una cisterna. Por fortuna, no había mucha agua y hacía pie. Eso sí, estaba a unos 10 metros de profundidad, sin posibilidades de salir por sus propios medios.
Pipo tuvo suerte. Alguien escuchó sus ladridos y llamó a los bomberos, que, con cuerdas, lograron el descenso de manera controlada hasta alcanzar al perro. Tras las maniobras, los bomberos lograron retirar al animal con éxito y lo entregaron nuevamente a su propietario.
¿Qué tú les dirías a estos servidores de la comunidad que lograron salvar a Pipo?