China ha instalado 2.200 kioscos médicos con inteligencia artificial en áreas de alto tráfico como las estaciones del metro de Shanghai, donde hay alrededor de 250 cabinas que sirven a millones de personas diariamente.
En estos puntos, el usuario se registra, reporta síntomas por voz o texto, pasa por mediciones automáticas de señales vitales y recibe exámenes en pocos minutos, con un tiempo promedio de cita de 4 minutos y un índice de precisión difundido de alrededor del 95% para enfermedades comunes.
Los sistemas, operados por plataformas como Ping An Health, comparan cada caso con una base de datos de cerca de 300 millones de interacciones médico-paciente, usando un historial masivo para sugerir diagnósticos y referencias.
Después de este examen, un médico humano revisa remotamente el caso, validando lo señalado por la IA y autoriza la prescripción o el envío al hospital, estrategia que, según el gobierno chino, ya ha reducido el tiempo de espera en algunas regiones hasta en un 70% y reducido el costo directo por alrededor del 30% para el paciente, en un modelo que facilita hospitales y reposiciona la salud pública en un país con dificultad crónica de tener suficientes médicos para toda la población