En China partieron una montaña a la mitad para construir una autopista

En la provincia de Guizhou, en China, ingenieros abrieron literalmente una montaña para dejar paso a una calzada de cuatro carriles encajada entre dos paredones que se elevan hasta unos 200 metros sobre el nivel del asfalto.

La intervención, parte de la autopista Liuzhi-Anlong, desafía la solución habitual de perforar túneles en macizos rocosos. Los técnicos descartaron la excavación clásica después de estudiar la litología y la estabilidad del macizo; decidieron seccionar la cresta con voladuras controladas.

Durante meses se hicieron perforaciones, detonaciones diarias y trabajos de contención: mallas metálicas y anclajes. La autopista Liuzhi-Anlong buscó ahorrar tiempo y simplificar el mantenimiento de la vía.

La ruta forma parte de la autopista Liuzhi-Anlong, una obra de 152 kilómetros que unirá zonas remotas con la red nacional de trenes de alta velocidad y rutas principales. Además, conduce al Puente del Gran Cañón de Huajiang, proyectado como el más alto del mundo, con más de 600 metros de caída.

Las fotografías tomadas con drones ya circularon por medios oficiales como Diario del Pueblo, Xinhua y el propio Ministerio de Asuntos Exteriores, y resaltan la voluntad de presentar a China como una potencia capaz de alterar su geografía. La obra encaja en una estrategia que combina desarrollo económico, integración territorial y promoción turística.

Los detalles de la impresionante obra en una autopista en China
Cortar montañas no es una invención china: Noruega llevó a cabo cortes abiertos combinados con túneles durante décadas y Estados Unidos tiene ejemplos similares en relieves rocosos. Pero Pekín lo ejecuta a otra escala y con un relato distinto: no solo optimiza tiempos, también exhibe un paisaje moderno que funciona como carta de presentación global.

Ambientalistas alertaron por el daño en formaciones kársticas y la biodiversidad: fragmentación de hábitats, alteración de recorridos de fauna y riesgo de erosión. Desde la obra dicen que hubo estudios y trabajos de estabilización, pero no se informaron medidas de compensación. La obra promete terminar antes de fin de año y acortar el viaje de tres horas a 90 minutos.

Más allá de la espectacularidad, la intervención plantea un dilema clásico: ganancia de conectividad y un nuevo reclamo turístico frente a costos ambientales y paisajísticos. La ruta será, sin dudas, una postal atractiva y un hito técnico, pero también un recordatorio de que la ingeniería puede cambiar territorios a gran escala y que la discusión sobre compensaciones queda abierta.

Fuente: Radio Mitre

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