El jueves que sigue al noveno domingo después de la primera luna llena de primavera del hemisferio norte, la grey católica apostólica romana celebra Corpus Christi, un acontecimiento de tanta magnitud que en varios países, como República Dominicana, es feriado laboral.
Su principal finalidad es proclamar y aumentar la fe de los cristianos que creen en la presencia real de Jesucristo en el Santísimo Sacramento, es decir, en la eucaristía. Allí radica la causa por la que los cristianos evangélicos y los países protestantes no lo celebran, ya que creen que en el pan u hostia que se comparte entre los fieles no se encuentra la presencia real de Jesucristo sino su presencia simbólica, razón por la cual la Santa Cena, en sus iglesias, no tiene valor sacramental sino simplemente recordatorio o simbólico.
De todas maneras, en épocas en que millones de cristianos, de cualquier índole, sufren arrestos, persecución y hasta la muerte, en países como Corea del Norte, Afganistán, Irán y Nigeria, por solo citar algunos, es recomendable que todas las iglesias que predican a Jesús se unan, al menos, en oración por estos verdaderos mártires del siglo XIX, y enseñen la moral que subyace la vida del Mesías, dándole al Evangelio un carácter menos teórico y más práctico en cualquier situación de la vida.
Por Néstor Saavedra (máster en teología)