El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a situarse en el centro del debate político tras ofrecer el discurso sobre el Estado de la Unión más largo de la historia moderna, con una duración de 107 minutos. El mensaje, pronunciado ante una sesión conjunta del Congreso, combinó optimismo económico, ataques directos a los demócratas, promesas sobre fraude electoral y advertencias en política exterior.
El mandatario apostó por una narrativa de fortaleza nacional, aunque los datos de opinión pública revelan un país dividido. A continuación, un análisis detallado de los puntos más relevantes del discurso y su impacto político en un año electoral clave.
Economía de Estados Unidos: optimismo vs. percepción ciudadana
Uno de los ejes centrales fue la economía de Estados Unidos. Trump afirmó que el país vive un auge “como nunca antes”, destacando la baja en los precios de la gasolina, la moderación de las tasas hipotecarias, la reducción en medicamentos recetados y el repunte del mercado bursátil.
Según el presidente, “millones y millones de estadounidenses están ganando”, reforzando su mensaje de que la inflación ya no representa una amenaza estructural. Sin embargo, esta visión contrasta con la percepción de buena parte de la ciudadanía.
Una encuesta de AP NORC indicó que solo el 39% de los adultos aprobaba su gestión económica en febrero, mientras que el costo de vida sigue siendo una preocupación central para las familias. Este contraste revela un desafío político: el relato de crecimiento no necesariamente se traduce en sensación de bienestar.
Trump dedicó casi la primera hora del discurso a reforzar su mensaje económico, respondiendo así a sectores republicanos que le pedían centrar su campaña en cifras y no solo en confrontación política. Desde el punto de vista electoral, la estrategia busca recuperar votantes independientes preocupados por inflación, empleo y poder adquisitivo.
Ataques a demócratas y Corte Suprema: tono combativo
El tono conciliador duró poco. Trump retomó su estilo confrontativo y arremetió contra los demócratas, responsabilizándolos por el aumento de primas de salud, la crisis del costo de vida y supuestas amenazas a la Seguridad Social.
El presidente calificó como “desafortunado” el reciente fallo de la Corte Suprema de Estados Unidos que anuló su política arancelaria. Aunque moderó el lenguaje frente a críticas previas, insistió en que los aranceles están “salvando” a Estados Unidos, pese a que múltiples estudios indican que los costos recaen principalmente en empresas y consumidores locales.
Trump también reiteró su narrativa sobre el fraude electoral en Estados Unidos, afirmando que es “rampante”. Estas acusaciones, relacionadas con los comicios de 2020, han sido rechazadas por tribunales federales y autoridades electorales.
En el Congreso, figuras como Rashida Tlaib respondieron con interrupciones desde la bancada demócrata. Más tarde, la gobernadora de Virginia, Abigail Spanberger, defendió la necesidad de fortalecer la confianza en las instituciones.
La estrategia discursiva parece clara: consolidar la base MAGA con un mensaje firme y polarizante, aun cuando ello limite su atractivo entre votantes moderados.
Inmigración, tensión con Irán y récord histórico
En política exterior, Trump elevó el tono frente a Irán. Justificó la fuerte presencia militar estadounidense en Oriente Medio y advirtió que nunca permitirá que Teherán obtenga armas nucleares. Aunque expresó preferencia por la diplomacia, dejó abierta la puerta a acciones militares.
Las cifras sobre represión en Irán fueron motivo de controversia, ya que distintas organizaciones ofrecen estimaciones dispares sobre el número de fallecidos en protestas recientes.
En materia migratoria, el presidente retomó su retórica sobre “extranjeros criminales”, aunque evitó mencionar incidentes recientes en Minneapolis que han generado debate sobre tácticas federales. Tampoco profundizó en ajustes operativos en las llamadas Ciudades Gemelas.
Fuente: Mercado