Ciudad de México, la capital del país de América Central, tiene un problema: se hunde, y cada vez va a más. Un problema documentado ya hace un siglo, cuando el ingeniero Roberto Gayol se percató de ello. Pero, ahora, el nuevo satélite de la Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA), NISAR, lo ha terminado de confirmar. Y, además, el problema se está acelerando más rápido de lo que se pensaba.
A través de imágenes tomadas desde el espacio, y con una claridad sin precedentes, este sistema de radar ha mapeado cómo el terreno se mueve bajo la capital mexicana. La imagen que encabeza estas líneas, así como otras, fue tomada entre octubre del año pasado y enero de 2026. Y la conclusión es clara: el ritmo de hundimiento es rápido. Algunas zonas lo hicieron hasta dos centímetros por meses en ese periodo de tiempo.
En el mapa adjunto, las zonas que se hunden de forma más rápida aparecen en un azul oscuro: en ellas, el hundimiento supera los dos centímetros por mes. Las áreas pintadas de amarillo y rojo son “ruido” de sistema, que se espera que se reduzca cuantas más observaciones haya.
Una de las ubicaciones más afectadas por este fenómeno es la llamada Zona Metropolitana del Valle de México, donde viven más de 20 millones de personas. Está construida sobre un desaparecido acuífero y sobre el lecho de antiguos lagos y, debido a la extracción masiva de agua, junto al peso de toda la infraestructura de la ciudad, los sedimentos del antiguo lago se han ido comprimiendo. Unos factores que, según la Universidad Nacional Autónoma de México, agravan los problemas de inundaciones.
En las décadas de 1990 y 2000, partes de la ciudad llegaron a descender unos 35 centímetros al año, algo que provocó daños en túneles del metro, tuberías y edificios. Desde entonces han sido varios los satélites que han seguido registrando esos movimientos bajo tierra, pero ninguno con el nivel de detalle del NISAR.
Uno de los símbolos en los que mejor se percibe esta situación es el Ángel de la Independencia, inaugurado en 1910 con motivo del primer centenario de la independencia del país. Con unos 36 metros de altura, se le tuvieron que añadir 14 escalones en su base después de que el terreno que le rodea fuera hacia abajo. “Imágenes como esta confirman que las mediciones de NISAR coinciden con lo que se esperaba”, sostiene Craig Ferguson, subdirector del proyecto en la sede de la NASA en Washington.
El NISAR (NASA–ISRO Synthetic Aperture Radar) es un satélite de radar de apertura sintética, desarrollado conjuntamente por la NASA y la Agencia Espacial India (ISRO). Fue lanzado al espacio el 30 de julio del año pasado, desde el centro espacial de Satish Dhawan, en India. Con él, se ha podido monitorear por primera vez los cambios casi en tiempo real desde el espacio. Algo que podría ayudar a la planificación urbana del futuro.
Su objetivo es sobrevolar la Tierra en cualquier condición, de día o de noche, con sol o con lluvia, para capturar los movimientos más sutiles de la superficie. Algo que consigue gracias a los dos radares que lleva equipado: el L-band (NASA) y el S-band (ISRO). Cuenta también con una antena reflectora, de 12 metros de ancho, que es el mayor reflector enviado por la NASA al espacio. Con ello, es capaz de ver el movimiento por día con una precisión milimétrica. Además de este uso, el radar se empleará para vigilar de cerca glaciares en movimiento, deslizamientos de tierra y otras transformaciones de la superficie en todo el planeta.
Fuente: As USA