La República Dominicana, al igual que otras naciones con economías abiertas y alto dinamismo turístico, debe continuar fortaleciendo su política de inversión en infraestructura y transporte aéreo. El crecimiento sostenido del tráfico aéreo mundial exige reducir las limitaciones que afectan la expansión y capacidad de los aeropuertos, la agilidad de los trámites y concesiones, así como el establecimiento y consolidación de nuevas líneas aéreas, elementos que generan un impacto directo en la competitividad económica del país. En este contexto, resulta fundamental promover acuerdos de servicios aéreos más flexibles, que incentiven una mayor conectividad y eviten el desvío de aerolíneas hacia aeropuertos competidores en la región.
No solo es la promoción internacional para lograr la llegada de más turistas. La permanencia y expansión de las operaciones aéreas son esenciales para sostener el turismo, el comercio internacional y el desarrollo económico nacional. En un entorno de aviación globalizada y altamente liberalizada, el concepto de centro aeroportuario (HUB) continúa evolucionando.
Estos aeropuertos funcionan como nodos de conexión donde convergen múltiples rutas y vuelos de diversas procedencias. Sin embargo, el advenimiento de aeronaves de nueva generación —como el Airbus A350 y el Boeing 787—, con mayor autonomía y eficiencia, ha favorecido la expansión de operaciones punto a punto, reduciendo la dependencia de los hubs tradicionales.
Este fenómeno obliga a los aeropuertos internacionales dominicanos a replantear sus estrategias para mantener su relevancia y su cuota de mercado, sumando un cambio estructural en el modelo de negocio. Tomando en cuenta los datos del Consejo Internacional de Aeropuertos (ACI), más del 40% de los ingresos globales de estas terminales proviene de actividades no aeronáuticas, como comercios libres de impuestos, tiendas, restaurantes y servicios complementarios. De esta transformación surge el concepto de “Ciudad Aeroportuaria” (Airport City), donde el aeropuerto deja de ser únicamente un punto de tránsito para convertirse en un destino y un centro económico en sí mismo.
Es importante destacar la necesidad real de modernización estructural y de espacios de nuestros aeropuertos concesionados, para lograr una mejor experiencia del pasajero. Esta visión diversificaría las experiencias, aumentaría los ingresos, y convertiría la infraestructura aeroportuaria en una plataforma de promoción cultural, turística y comercial del país. Un aspecto esencial en la expansión de las ciudades aeroportuarias es el compromiso con la seguridad operacional, la seguridad de la aviación y la facilitación, pilares del sistema aeronáutico global. La OACI y la OMT han demostrado que la facilitación —entendida como procesos ágiles, eficientes y seguros en los flujos de pasajeros— es un componente determinante para la competitividad aeroportuaria.
Tomando en cuenta lo planteado por estas instituciones, en nuestro país, el mejor ejemplo lo es el Aeropuerto Internacional de Punta Cana, estructura que, con su construcción moderna y su capacidad de gestión para agilizar el movimiento de pasajeros, es eficiente, ágil y seguro, puntos importantes en la experiencia de vuelo. Finalmente, es imprescindible reconocer que la aviación y el turismo, aunque estrechamente vinculados, enfrentan desafíos distintos en materia de impuestos y tasas, un tema de relevancia en nuestro país por el impacto que evidencia. La imposición de gravámenes excesivos al transporte aéreo en los mercados de origen no solo afecta a las aerolíneas, sino que impacta directamente en las economías receptoras.
Mantener impuestos altos o su aplicación sin analizar sus consecuencias, frena el crecimiento del transporte aéreo, encarece los destinos y debilita directamente la actividad turística, que es uno de los motores económicos del país. Estas medidas terminan afectando tanto a los viajeros como a las aerolíneas, reduciendo la conectividad y las oportunidades de desarrollo. Este desafío solo puede enfrentarse con una acción conjunta entre el Estado, el sector privado y los organismos internacionales, orientada a construir políticas tributarias justas, equilibradas y sostenibles, que protejan la competitividad del sector aéreo y permitan ampliar la base fiscal a través de un mayor flujo de pasajeros y de turismo.
Fuete: Carlos Ortega Vergés, presidente del Instituto Dominicano de Historia Aeronáutica, para El Nuevo Diario. Foto: La Romana Airport