China enfrenta una de las mayores pruebas para su seguridad energética en años. La interrupción del suministro global de crudo, provocada por el conflicto en Oriente Medio y el cierre del estratégico estrecho de Ormuz, ha sacudido los mercados internacionales. Sin embargo, el gigante asiático llega a esta crisis mejor preparado que la mayoría de economías, aunque no completamente protegido frente a sus efectos.
Durante décadas, Pekín ha desarrollado una estrategia basada en diversificación energética, acumulación de reservas y transición hacia energías limpias. Aun así, su alta dependencia del petróleo importado sigue siendo un punto vulnerable en un escenario de tensión prolongada.
El estrecho de Ormuz pone a prueba el sistema energético
El conflicto entre Irán, Estados Unidos e Israel ha generado un impacto inmediato en el mercado petrolero. Los precios del crudo han llegado a rozar los US$120 por barril, impulsados por ataques a infraestructuras energéticas y buques en tránsito.
El cierre del estrecho de Ormuz representa un golpe crítico: por esta ruta circula cerca del 20% del petróleo mundial, equivalente a unos 20 millones de barriles diarios. Esta interrupción ha desencadenado una escasez global que afecta especialmente a Asia.
China, como mayor importador de petróleo del mundo, consume entre 15 y 16 millones de barriles diarios, destinados principalmente al transporte y a su potente sector industrial. Aunque el norte del país depende en parte de producción interna y suministros por oleoductos desde Rusia, gran parte de su economía sigue ligada al crudo que llega por mar.
En este contexto, el país no está aislado del impacto. El aumento de los precios energéticos ya se refleja en el encarecimiento del combustible y en mayores costes industriales, especialmente en sectores como la petroquímica.
Reservas estratégicas y diversificación: la ventaja china
Una de las principales fortalezas de China en esta crisis es su capacidad de anticipación. Durante años, el país ha aprovechado precios bajos para construir una de las mayores reservas estratégicas de petróleo del mundo.
Las estimaciones apuntan a que China podría contar con entre 900 millones y 1,400 millones de barriles almacenados, lo que equivale a cerca de tres meses de importaciones. Solo entre enero y febrero, el país incrementó sus compras de crudo en un 16% interanual, reforzando su colchón energético.
Además, Pekín ha diversificado sus proveedores. Aunque los países del Golfo siguen siendo clave, Rusia se ha consolidado como su principal socio energético, representando casi una quinta parte de sus importaciones. A esto se suma la compra de petróleo iraní a precios reducidos, incluso bajo sanciones internacionales.
Otro elemento estratégico es el almacenamiento flotante. Más de 46 millones de barriles de crudo iraní permanecen en petroleros en el mar de China Meridional, listos para ser utilizados en caso de necesidad.
Este conjunto de medidas permite a China resistir mejor las disrupciones a corto plazo, a diferencia de otras economías asiáticas que ya enfrentan racionamientos o medidas de emergencia.
El punto débil: dependencia externa y costes industriales
Pese a su preparación, China no es inmune. Su principal vulnerabilidad sigue siendo estructural: depende en gran medida del petróleo importado para sostener su economía.
Aunque el carbón continúa siendo la principal fuente de energía y el país lidera la producción global de este recurso, el petróleo y el gas representan más de una cuarta parte de su matriz energética. Esta dependencia implica que cualquier shock en los precios internacionales impacta directamente en su economía.
El avance en energías renovables ha sido clave para reducir riesgos. En 2025, más de un tercio de la electricidad china provino de fuentes como la eólica, solar, nuclear e hidroeléctrica, y actualmente más de la mitad de su capacidad instalada es limpia. Además, el auge de los vehículos eléctricos, que ya representan al menos un tercio de las ventas, ha disminuido la exposición del consumo doméstico al petróleo.
Sin embargo, el problema persiste en el sector industrial. El encarecimiento del crudo eleva los costes de producción en industrias clave como la petroquímica, responsable de plásticos, fertilizantes y productos químicos esenciales.
Incluso los avances tecnológicos tienen límites. Aunque los usuarios de vehículos eléctricos no dependen directamente del combustible, los precios de la energía pueden aumentar indirectamente, afectando el coste de carga.
Como mayor importador mundial de energía, China se ve obligada a pagar más por cada barril en tiempos de crisis. Esta realidad revela su principal debilidad: no puede escapar completamente de la volatilidad del mercado global.
Fuente: Mercado