Las protestan que atrasan

En el siglo de la Inteligencia Artificial, las cirugías robóticas y los carros eléctricos autónomos, las protestas violentas son una muestra de retraso que no sirven a ningún fin lógico más allá de causar miedo y molestias al ciudadano común, es decir, a los pares de los que las organizan y ejecutan.

Lo que sucede en Francia, España y Argentina, solo por citar a tres países, no servirá en absoluto para empujar cambios de fondo que cada nación necesita. El mundo enseña, desde hace siglos, que la evolución y no la revolución son las que provocan los ajustes perdurables.

No estoy diciendo que debe prohibirse el derecho a protestar. Todo lo contrario. Es inherente a la democracia y la democracia, hasta que algún país demuestre lo contrario, es la mejor forma de gobierno, con sus profundos errores, casi un mal necesario.

Lo que no debe confundirse es protesta con violencia, o protesta con delito. ¿Qué cambios positivos puede generar romper un local de ropa, donde trabaja gente de clase media? Puedo afirmar y apostar lo que quieran que una protesta donde los manifestantes dieran de comer a los más pobres o los alojaran en sus casas, dando el ejemplo de lo que exigen de los políticos, sería muchísimo más eficaz. No soy el primero en decirlo. Basta con consultar a la Madre Teresa o a Martin Luther King.

Las protestas violentas, además, alejan a la abundante clase de media de estos países que ha vivido olas de agresiones de derecha y de izquierda. Más violencia es menos votos al partido que representan los violentos. El pueblo teme, porque sabe lo que fueron otras épocas. El idealismo de las décadas de 1960 y 1970 ya quedó muy atrás. Y si bien hay que luchar por los sueños y contra la corrupción, los métodos cambiaron. Hace 80 años, una plaza llena de manifestantes imponía un presidente. Hoy, Trump ganó las últimas elecciones con los votos de las redes sociales.

Al mundo le hace falta amor e inteligencia. Cualquier reclamo que no marche por estas líneas contará con un apoyo parcial, fanático y, por tanto, discriminador y nocivo. Hay que protestar, claro que sí. Pero con otros métodos. Nadie llama con un celular Motorola de 1998, ni va al mercado con un carro Ford T de 1915.

Por Néstor Saavedra

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