La gestión de las cadenas de suministro evoluciona hacia un modelo que prioriza la resiliencia. Un reciente análisis identifica un cambio en los indicadores utilizados por las empresas para evaluar el desempeño logístico. Además de medir costos y tiempos, las organizaciones comienzan a incorporar métricas que reflejan su capacidad para responder ante interrupciones.
Durante años, variables como el costo por unidad, la rotación de inventarios y los tiempos de entrega dominaron la gestión logística. Sin embargo, el aumento de los riesgos operativos y la digitalización impulsan una visión más amplia. Hoy, las empresas buscan conocer qué tan rápido pueden recuperar sus operaciones y adaptarse a escenarios cambiantes.
La capacidad de respuesta gana protagonismo
Entre los nuevos indicadores destacan el tiempo de recuperación tras una interrupción y la rapidez para detectar riesgos. También cobran importancia la diversificación de proveedores y la capacidad para reorganizar el abastecimiento cuando un eslabón de la cadena presenta fallas.
El análisis señala que el concepto de valor total también modifica la evaluación del desempeño. Además de los costos, las empresas consideran la continuidad operativa, la experiencia del cliente y la capacidad de innovación.
La información en tiempo real se convierte en otro factor estratégico. Tecnologías como Internet de las Cosas (IoT), los sistemas ERP y las plataformas de gestión del transporte permiten anticipar problemas y tomar decisiones con mayor rapidez. Asimismo, las simulaciones digitales ayudan a probar escenarios antes de que ocurran interrupciones reales.
La inteligencia artificial también amplía las métricas de gestión. Las organizaciones comienzan a medir la precisión de las predicciones, el nivel de automatización y el aporte de los sistemas inteligentes a la toma de decisiones.
Por otra parte, la resiliencia incorpora dimensiones como la ciberseguridad, la sostenibilidad y la coordinación multimodal. En este contexto, las empresas monitorean incidentes digitales, el cumplimiento de criterios ESG y la capacidad para cambiar rápidamente entre distintos modos de transporte.
El informe concluye que la resiliencia deja de ser un concepto teórico para convertirse en un indicador clave de competitividad. La información, la tecnología y la capacidad de adaptación ganan peso frente a las métricas tradicionales de eficiencia.
Fuente: Todologística News