Le pegaron 5 tiros a un goleador de la Selección Argentina de Fútbol

Jugó en varios equipos del fútbol argentino, como Unión y Huracán. Sin embargo, su mayor orgullo era haber hecho un gol para la Selección Argentina contra Suecia en un Mundial. Que el partido había terminado con derrota 3 a 2 era la consecuencia de haber armado un pobre equipo.

Pese a la gran alegría que le significaba haberse anotado en la galería de goleadores más preciada, Alberto Galateo seguía siendo un jugador violento y, peor aún, un hombre violento. Mucho más cuando dejó el deporte y se aficionó por la bebida.

Se había casado con María, la hermana de un compañero de equipo, que también le había conseguido la casa para que viviera el matrimonio en Sáenz Peña, casi en el límite con la capital argentina. Tuvieron una hija y un hijo, Susana y David.

La casa era un infierno: con un poquito de alcohol de más, Alberto les pegaba a mansalva a los otros tres ocupantes. Un día le sacó el ojo a su mujer. Habitualmente la dejaba de cama.

Otro día, de los tantos, la amenazó cuchilla en mano. También a David, que fue a defender a su madre. Cuando el filo parecía ganar la partida, el joven, de 17 años, le descerrajó 5 tiros: 3 le pegaron en el pecho. Alberto cayó fulminado.

A la gloria conseguida en esa única participación argentina en el Mundial de Fútbol de Italia, de 1934, se la llevó un charco de sangre y un olvidado recuerdo en las páginas de algún diario de 1961: el único goleador celeste y blanco asesinado.

Por Néstor Saavedra

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