Durante años, la logística fue evaluada por su capacidad de reacción: responder a crisis, sortear interrupciones; y sostener flujos comerciales en contextos adversos. En 2025, esa lógica empezó a invertirse. El sector dio un paso hacia modelos capaces no solo de reaccionar, sino de anticiparse.
El cambio se percibe en cómo se toman decisiones. Sistemas basados en inteligencia artificial generativa comenzaron a integrarse de forma estructural en la planificación de demanda y abastecimiento. Ya no se trata únicamente de proyecciones estadísticas; sino de plataformas que ajustan escenarios en tiempo real y recalibran recursos sin largos procesos de rediseño tecnológico. En términos de mercado, esta transición también es visible: tras superar los US$1.300 millones en 2024, el segmento de IA generativa aplicada a logística proyecta tasas de crecimiento superiores al 30% anual en la próxima década.
Esa lógica predictiva se extendió a la operación. Algunos entornos ya funcionan con esquemas capaces de reconfigurar rutas, renegociar condiciones de transporte o redistribuir carga ante interrupciones; reduciendo tiempos de respuesta y costos asociados a desvíos inesperados.
La transformación no fue solo digital. En puertos estratégicos, la implementación de redes privadas 5G permitió sincronizar equipos automatizados, mejorar la trazabilidad; y acortar tiempos de permanencia en muelle hasta en 25%. Esto no solo impacta en eficiencia, sino también en sostenibilidad, al disminuir esperas y emisiones.
Comercio electrónico impulsa el crecimiento
En paralelo, las ciudades obligaron a repensar la distribución. El crecimiento del comercio electrónico y mayores exigencias ambientales impulsaron la aparición de micro-centros logísticos urbanos y sistemas inteligentes que optimizan ventanas de entrega para reducir congestión.
Sin embargo, el año también dejó señales de tensión. La expansión de capacidad en ciertos corredores convive con desaceleración del comercio en algunos segmentos; lo que obliga a maximizar el uso de activos existentes en lugar de depender exclusivamente del crecimiento de volúmenes.
El saldo de 2025 no es simplemente tecnológico. Es estratégico. La logística dejó de ser un engranaje operativo para consolidarse como un sistema capaz de anticipar, adaptarse; y sostener la competitividad global en un entorno cada vez más exigente.
Fuente: Todo Logística